Carcaixent. Viva el U.D.

AereaPlzaEspaña

Publicado en febrero 08, 2012 con Sin Comentarios

 

(Carcaixentins pel Món)

Mi relato alude a un niño (huérfano de padre), después adolescente, al que una mano muy querida, entrañable, domingo tras domingo, le llevaba al Campo del Parque (hoy bonita plaza
y biblioteca), para animar al “U.D. Carcagente”). Así, sembraron en él una gran afición al fútbol que se convirtió en un arraigo y cariño muy especial a los colores del equipo de su pueblo, “blanc y negre”, y a su escudo y bandera, el de la U.D. Carcaixent.

Aquel niño, después adolescente, sentado desde la grada observaba caprichosamente en el Campo y en los momentos previos al inicio de cada partido, la afluencia de público, autoridades y niños, que reunía siempre las mismas caras, y ubicados en los mismos lugares. Ansioso, porque comenzara cada encuentro, aquel niño después adolescente, miraba y miraba y era inevitable encontrarse frente a él una larga pared que pintada de blanco amagaba sin conseguirlo totalmente un campo de naranjas mandarinas testigo de tantos acontecimientos deportivos, cuando su mirada la inclinaba a su derecha, y tras la portería, la majestuosidad de hasta tres árboles plataneros copiosos de hojas, pero que dejaban ver la preciosa montaña de forma  esplendorosa. La mirada de aquel niño, después adolescente, siempre inquieta y deseosa de que el partido se iniciara,  a  su izquierda, y en una esquina un kiosco se hacía notar y que le recordaban sus deliciosas rosquilletas, empanadillas y refrescos que vendía. Unos árboles de jardín que hasta parecía protejían el mismo kiosco, conducían sus ojos, y a poca distancia, a un gran escenario que en la estación de calor, se convertía en Cine de Verano.

Aquel niño, después adolescente, tras el itinerante recorrido de su mirada, ésta ya quedaba fija, y el punto de mira no era otro que la puerta donde tenía que aparecer “el U.D.”, puerta de reducidas dimensiones, pero qué guardaba grandes jugadores y que se hallaba bajo el comentado escenario, justo en el banderín de corner. De pronto, ¡míralos!, ¡ya están ahí!, con
admiración exclamaba el niño, y con ansiedad el adolescente, y todos al unísono el grito de ánimo, “U.D.”, “U.D.”

De aquella reducida puerta, emanaban grandes ídolos, para aquel niño, primero fueron Pilonet, Pontoni, Españeta, Pololo etc., y de adolescente, siguieron Ballester, Vilar, Portalés, Noverges, etc., en definitva, su U.D. Carcaixent,  del que se  sentía orgulloso y apasionado porque engrandecían su pueblo.

Aquel niño, después adolescente y enamorado de su pueblo por muchas razones, tuvo que ausentarse de él, pero sigue vivo en sus recuerdos y permanentemente ilusionado en pasear sus calles y ver sus gentes.

Aquel niño, después adolescente y hoy ya jubilado, soy yo, un enamorado de mi pueblo, Carcaixent.

Un abrazo a mi tierra y a todos ellos. Viva “el U.D.”

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